DOLORES QUE ALIVIAN OTROS DOLORES

Dicen que uno solo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena…y cuando se dice por algo será…

Justamente dos días antes de que me llegaran a casa 77 cajas con más de 4.000 libros para organizar, me levanté con una leve contractura en la espalda. Lejos de mejorar, a medida que se acercaba el día de la recepción  fue a peor. Llegó a ser tan intensa que el solo hecho de respirar me resultaba algo heroico. Acciones tan cotidianas como inclinarme para lavarme la cara por la mañana, calzarme, meterme en el coche, tomar una curva o cambiar de postura en la cama al dormir; me parecían en “ese momento” todo un mundo. Las 77 cajas llegaron y seguía con dolor pero tenía que, o mejor dicho, elegí hacer de tripas corazón y comenzar a organizarlas, eso sí,  acordándome de Santa Bárbara con tanto trueno de dolor en la espalda…

Probé a realizar posturas de yoga y durante un rato parecía que iba mejor, traté de no pensar en ello demasiado pero las punzadas de dolor seguían ahí por mucho que yo quisiera ignorarlas…

Pero la vida es tan, tan, taaaaan generosa y tan sabia, que no deja de ofrecernos oportunidades para aprender, crecer y evolucionar.

Por eso, estando todavía con la contractura, llegó la Feria del Libro a Pozuelo.  Tuve la gran suerte de compartir caseta con una gran mujer y escritora: Mar Paredes. Lo primero que evidencié fue que era invidente cuando le vi llegar con Noa, su perrita guía. A partir de ahí la tarde fue un auténtico regalo. ¿Que si me acordé del dolor de mi contractura durante las cuatro horas que compartimos…? No solo no me acordé si no que me pareció de lo más insignificante al lado de la historia de superación personal de Mar.

Mar no solo tenía una enfermedad inmune, “de las raras”, que le arrebató la vista en cuestión de dos meses, tampoco quiso privarse de un cáncer de mamá que le afectó a los dos pechos y que no pudo tratarse con quimioterapia por ser incompatible con su enfermedad, perdió el oído durante un mes aunque luego lo recuperó y un mes también fue el que estuvo en coma inducido mientras sus familiares y amigos temían por su vida. Además, Mar no recuerda ya qué es no sentir dolor. Esta misma tarde, al llamarle para pedirle permiso para escribir sobre ella, me contaba que justamente hoy le han subido la dosis de medicinas para combatir el dolor que le ha llegado a dejar inconsciente en más de una ocasión.

Ante un panorama como el de Mar escuchándole decir que su situación “tampoco es para tanto”, que no está tan limitada como la gente piensa y que para héroes Dani, el hijo de una de sus mejores amigas, una comienza a intuir que la capacidad de asombro del ser humano es infinita…Dani, a pesar de no tener a penas movilidad alguna y disponer de escasas herramientas de comunicación con sus seres queridos, nunca, nunca, nunca pierde la sonrisa.

“Si Dani puede seguir poniéndole una sonrisa a la vida todos los días, yo también puedo” – me contaba visiblemente emocionada.

Como podréis comprender, después de esa tarde con Mar, el dolor de mi contractura pasó a otro plano muy distinto del que llegó. Comprendí  lo insignificante que era frente a otras muchas realidades que mi ego había ignorado por completo. Comencé a sentirme incluso agradecida por cada una de las punzadas que me llegaban pues me recordaban el alivio que se siente cuando no las tienes y lo poco o nada que lo valoramos. Cambié mi pensamiento sobre ellas y en lugar de “temer que llegara la siguiente” sencillamente aguardaba su llegada para ofrecer ese pequeño dolor para aliviar el dolor de Mar, o el de mi amiga Sonsoles que sigue plantándole cara al cáncer día a día, o el de niñas como Cristina y Alejandra que saben también lo que es superar un cáncer, y el de tantas y tantas personas que conviven con el dolor a diario.

Personas también como Pauli, Monoli y Elena de la asociación Afinsyfacro afectadas de fibromialgia. Todavía recuerdo las palabras de  Pauli en la visita de sensibilización a los alumnos de 2º, 3º y 6º de primaria del CEIP Antonio Hernández y que hoy han recibido sus libros de regalo:

“No sabéis lo que daríamos por tan solo media hora de no sentir dolor” – decía Pauli que ahora ya es abuela y muchas veces le gustaría coger a sus nietos más de lo que su enfermedad se lo permite.

Por todas y cada una de estas personas dejé de quejarme por mi contractura y ofrecí mi dolor para aliviar el de los demás. Y es más, fiel a mi filosofía de vida en la que sé que se puede aprender siempre algo sobre uno mismo por muy mala que haya sido la experiencia, supe que aquella contractura era un nuevo recordatorio para NO OLVIDAR.

NO OLVIDAR DAR GRACIAS por  lo afortunada que había sido cada mañana al levantarme sin dolor de ningún tipo. Para NO OLVIDAR DAR GRACIAS por lo afortunada que soy porque puedo ver, puedo caminar, puedo escuchar, puedo hablar, puedo correr…para NO OLVIDAR Y DAR GRACIAS por tantas y tantas cosas…

Hoy os lanzo un nuevo reto: ofrecer vuestro dolor para aliviar el dolor de otras personas, o lo que viene a ser lo mismo, transformar la queja en ofrenda. Porque siempre hay una Mar a quien admirar, y un Dani al que Mar admirará…la cadena de admiración es infinita y está ahí para darnos cuenta del alivio que puede ofrecernos nuestro propio dolor, cuando lo ofrecemos para aliviar el dolor de los demás.

La próxima visita será el miércoles 9 a las 9 de la mañana en el CEIP Pinar Prados de Torrejón donde los alumnos de 5º han escrito cuentos para colaborar con Deporte y Educación para un mejor futuro.

No quisiera despedirme sin contaros qué fue de mi contractura. Tal cual vino se fue. Rechacé la queja y acepté el dolor y lo esperé…lo esperé, lo esperé pero ya no llegó. Imagino que la vida debió de darme un aprobado en esa asignatura para seguir ofreciéndome lecciones de otras asignaturas que, a día de hoy, se me siguen resistiendo…

Os deseo un buen fin de semana a todos y un feliz primer domingo de mayo, Día de la Madre.

2 thoughts on “DOLORES QUE ALIVIAN OTROS DOLORES

  1. Querida amiga, siempre es un placer leer tus relatos, escucharte y compartir dolores. Aunque en realidad, si somos capaces de ver, que siempre hay alguien peor que tú, el dolores se minimiza..
    Y mi admiración por las personas que no pierden su sonrisa.
    😁😁😁

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