“NI DE COÑA PIENSO CORRER UNA MARATÓN”

Si hoy puedo celebrar el Día de la madre como madre es gracias a mis hijos y como, de momento, no existe el Día de los hijos y ellos también se lo merecen por ayudarnos a superarnos día a día; esta crónica sobre cómo me metí en el berenjenal de correr mi primera maratón va ellos.

Porque sin ellos no hubiera sido posible.

Hace un par de años, tras finalizar la media de Madrid, dije:

“Ni de coña pienso correr una maratón” 

Dos años después aquí estoy. Relatando mi experiencia como mujer maratoniana, 53 años, deportista amateur, madre de tres chicos que me llevan por “este mal camino” y vegetariana.

Lo hago con la intención de lanzarla al mar de internet por si pudiera servirle como referencia a alguna mujer que, como yo, quiera vivir esta increíble aventura porque en su día, cuando busqué referencias de mujeres de mi edad que hubieran corrido los 42k de Madrid, apenas encontré. Y también, cómo no, por el simple placer de compartir experiencias con los demás.

He de decir que no lo decidí a lo loco. Fue una decisión meditada. Mi hijo pequeño se había inscrito y lo primero que le dije fue: “Estás loco, ¿qué necesidad tienes de someter tu cuerpo a semejante estrés?”. PERO, y ahí viene ese pero que marcó el antes y el después añadí: ”De todas formas solo es cuestión de entrenar, si me pusiera a ello lo lograría”. Respuesta de mi hijo: ” Decirlo es fácil, demuestra que puedes”. Y no, no me piqué, no fue un calentón pero sí me sirvió para cuestionarme lo que tantas veces les he dicho a mis hijos: “Hablar es muy fácil pero demostrar que se puede ya es otro cantar”.

Así que me inscribí.

Con vértigo, con miedo, con ilusión, con respeto pero sobre todo sabiendo que no iba a pagar cualquier precio por conseguir mi reto. Que no tenía nada que demostrar a nadie, ni siquiera a mí misma porque mi salud vale más que una medalla o un reto conseguido.

Con mi pensamiento de “Si veo que la carga del entrenamiento es demasiado lo puedo dejar en cualquier momento” planifiqué 16 semanas de entrenamiento que la novia de mi hijo mayor, si bien no me aconsejó ni entrenar ni correr esta maratón por las posibilidades de lesión que podía suponer, me supervisó con su conocimiento y experiencia sobre el mundo del running.

El día 1 de enero comencé la cuenta atrás tras haber hecho un tiempo increíble (porque bajé mi tiempo del año anterior casi en 5 minutos) en la San Silvestre Vallecana de 44:36. Esa hazaña me dio un chute de autoconfianza brutal para comenzar.

Cuando solo llevaba 9 días entrenando, el sábado 10 de enero me abrí la cabeza patinando sobre hielo cuando una chica se cayó sobre mí y caí de espaldas en la pista de hielo. Cuatro puntos en la cabeza. “Bueno – pensé (ingenua de mí) – las piernas las tengo intactas así que el martes retomo mi entrenamiento”. No lo retomé el martes porque tenía todo el cuerpo dolorido del fuerte impacto pero sí salí el jueves tras cuatro días de no running aunque sí de walking y algo de movilidad.

Ese mismo mes me cogí un fuerte trancazo con un par de días de fiebre que combatí con paracetamol y ajustando mis salidas de running a mi estado físico pero no me frenó. Tampoco me frenó el frío ni la lluvia, ni las pocas ganas con las que a veces salía a correr. Combinaba un día de carrera fácil, otro de cuestas y series rápidas y otro de tiradas largas con dos día de fuerza y otro de yoga y movilidad.

Y llegaron las tiradas largas: 20, 22, 24, 26 y 30k buscando recorridos con muchas cuestas en la Casa de Campo preparándome para el maratón rompepiernas de Madrid, uno de los más exigentes de España donde llegar a meta y finalizarlo ya es toda una proeza.

Y…a 3 semanas de la maratón, cuando ya me tocaba disminuir la carga de kilometraje tuve una lesión por sobrecarga en el tibial anterior de la pierna derecha que me obligó a parar por completo si quería correr la maratón. Fue una prueba de fuego para mí porque lo que peor llevo es no poder cumplir con lo que me he propuesto. Pero sabía que no tenía otra opción. Mi marido, deportista por naturaleza, fue un gran apoyo para mí: “Ya verás, si haces lo que debes tienes tiempo de sobra para recuperarte y vas a llegar incluso mejor porque le vas a dar tiempo al cuerpo para recuperarse de verdad”. Así que le hice caso: dejé de correr, me daba masajes para drenar los músculos que tiraban del tibial, me ponía hielo y hacía ejercicios de fortalecimiento cuando el dolor comenzó a remitir.

Solo quería estar bien para poder correr sin provocarme una lesión mayor.

Y llegué sin dolor. La semana del maratón hice un par de test en la pista de atletismo de 15 minutos solo para probar cómo respondía el tibial y me sentí feliz. ¡Me había visto fuera de la carrera y al verme dentro de nuevo no podía estar más agradecida a la vida!

La lesión me cambió la perspectiva del maratón. Solo quería disfrutar del momento y olvidarme de los tiempo y los ritmos. Llegar a meta sin lesionarme y disfrutando de poder estar era mi único objetivo.

Llegó el día de la carrera con más ilusión que nervios y llena de agradecimiento. Durante toda esa semana me había hidratado bien a base de agua, limón, sal, bicarbonato, cúrcuma y jengibre y los dos últimos días me cargué de hidratos de carbono con pasta blanca, patata cocida, huevos escalfados, plátanos maduros, dátiles y tostadas de pan blanco con aceite, miel y queso fresco. ¡Sentía que tenía los depósitos de energía a tope!

Salí con mi hijo a un ritmo muy cómodo, íbamos incluso frenándonos porque sabíamos que lo duro estaba por llegar. A los 4km mi hijo tuvo que parar y yo seguí porque era lo que habíamos acordado: ninguno iba a condicionar la experiencia del otro. El aire era todavía fresquito, los edificios altos nos daban sombra, las calles estaban a rebosar de gente animando, chocaba manos de niños y disfrutaba de cada paso sin dolor.

Mi avituallamiento personal eran 8 dátiles grandes de rama rellenos de escamas de sal como alternativa a los geles que, ni había entrenado con ellos ni había querido hacerlo porque soy partidaria de, si puedo evitarlo, no incluir alimentos artificiales en el templo de mi cuerpo. Es posible que me equivoque pero es mi decisión. Lógicamente también el agua y los plátanos en los puntos de avituallamiento estaban dentro de mi planificación.

Y llegué a la Puerta del Sol. Ése para mí fue uno de los momentos más emotivos de la carrera. Donde se separan los caminos de los 21 y 42k. Donde hacía dos años había estado también ahí corriendo la media y pensando que nunca me vería corriendo la maratón. Y ahí estaba. Sin dolor, disfrutando.

Pero, y el que diga lo contrario miente, cuando superas la barrera de los 21, 22, 23 k, a todo corredor, por mucho que le guste correr “le sobran el resto de kilómetros”. Y a mí también, obvio. A partir de ahí el cuerpo empieza a resentirse y, en mi caso con una variz en la pierna izquierda, sabía que el dolor iba a llegar en algún momento porque ya había aparecido en las tiradas más largas. Dolor soportable pero dolor. Desde el kilómetro 23 ya camino de la Casa de Campo la pierna izquierda me gritaba en cada una de mis zancadas que parase. No le hice caso porque sabía que no era una lesión como cuando el tibial.

A la altura de Príncipe Pío me llevé una grata sorpresa: mi hijo mayor se había colado en la carrera y corrió conmigo un tramo. Eso fue otra chute de adrenalina para el cuerpo aunque fuera jodida. Después decidió ir a buscar a mi hijo menor que iba por detrás de mí y lograron darme alcance. Durante un tramo fui escoltada por ambos hasta que ellos comenzaron a tirar un poco más y yo no quise forzar el ritmo más de lo necesario debido al dolor que persistía.

Ya casi saliendo de la Casa de Campo donde tienes que enfilar una cuesta que te “cuesta la vida” donde el calor, el cansancio y la fatiga ya han hecho mella lo suficiente como para querer que ese sufrimiento acabe; vi a mi marido animándome y, de nuevo, volví a recuperar parte de mi energía.

Recuerdo también, en el puente que cruza Madrid Río, chocar la mano a una mujer joven sentada en silla de ruedas. Todavía quedaban kilómetros pero la meta estaba ya relativamente cerca. Y pensé que quizás esa mujer hubiera querido estar en mi lugar y no podía. De modo que corrí por ella. Por ella y por todos los que hubieran querido estar y no pudieron. Cada punzada de dolor la ofrecía por todas aquellas personas que, sin elegirlo como yo, convivían con el dolor a diario. Y es ahí donde la mente gana al cuerpo, porque haces de tripas corazón y te sientes una privilegiada por estar ahí, sufriendo, dolorida pero decidiendo estar. Había superado la barrera de los 30 sin muro o, como dicen los expertos, sin que el “tío del mazo” hubiera hecho acto de presencia.

Los últimos kilómetros que, se supone, son los peores porque son cuesta arriba no me resultaron tan horribles porque, de alguna forma, los tenía asumidos. Cuando asumes que vas a transitar un camino lo recorres de manera diferente. Los acepté sin más y, a pocos metros de la meta cuando ya había visto a mucha gente caminar incluso antes de entrar en la Casa de Campo, a un par de jóvenes tumbados en el suelo siendo asistidos, escuchar el sonido de ambulancias saliendo al rescate de personas con golpes de calor o agotamiento…reuní las pocas fuerzas que me quedaban y aceleré el ritmo dando todo lo que me quedaba y lanzando un beso al cielo justo al cruzar la meta para los que, sin estar, siguen estando.

Admito que ya en la Casa de Campo pensé que iba a poner el tik verde en mi lista de objetivos cumplidos y que “ni loca iba a verme en otra como ésta”. Mi hijo pequeños al verme llegar tres minutos después que él me dijo: “Eres un crack mamá, no sé cómo has podido seguir tú sola, sin apoyo moral”. Él había corrido con su hermano casi hasta el final: le acercaba agua, iba a buscarle geles y sobre todo, le animaba a seguir. Yo no tuve ese apoyo extra pero tuve mi propio discurso, me tuve a mí y eso hizo que, concluir la maratón en 4 horas 26 minutos, fuera si cabe, mucho más satisfactorio.

Hoy, con ampollas en los dedos de los pies, con algo de inflamación en el músculo externo que sujeta la rodilla izquierda, escribo esta crónica para no olvidarme de esta experiencia y de que “se puede”.

Mi próxima meta es la carrera de la mujer el próximo domingo, justo dos semanas después de la maratón. Siempre ha sido una carrera con una carga más emocional que física pero nunca he dejado de querer superar mi tiempo para dar lo mejor de mí. Este año sé que va a ser distinto porque mis piernas todavía no están preparadas para una carrera de velocidad. Podría llevarme a una lesión que ni la busco ni la quiero.

Y después…Dios dirá porque yo “ya no digo ná” como decía mi abuela.

Dije que nunca correría una maratón y la he corrido.

Durante la maratón y al finalizarla dije que no repetiría.

Hoy digo que lo bueno de la vida es que todo está en continuo cambio y que somos libres de poder cambiar de opinión según el momento.

Si has llegado hasta aquí leyendo esta crónica y eres de los que no crees en los milagros de la vida, te animo a proponerte un reto (por pequeño que sea) y a poner todo de tu parte para conseguirlo disfrutando del proceso. A eso se le llama tener una experiencia autotélica (*) 😊

¡Ánimo a todos con los retos que nos dan la vida!

LOS ÁNGELES CUENTAN con confianza

A día de hoy me considero más espiritual que religiosa y para mí Los ángeles cuentan en mi vida más de lo que, a veces, quiero creer.

Del “Ángel de la guarda, dulce compañía no me dejes sola ni de noche ni de día” que rezábamos mis hermanos y yo con mi madre antes de dormir y que años más tarde recé con mis hijos durante su infancia, me queda la confianza de que nunca estamos solos y que siempre hay alguien velando por nosotros.

Confianza…

Causalmente el sábado pasado en la presentación del libro Ángeles en zapatillas Diana, la promotora de la colección Momento Woman al que pertenece dicho libro, compartió con nosotros el significado de dicha palabra:

    • Prefijo con-: Proviene del latín y significa “junto”, “todo” o “completamente”.

    • Raíz fi-: Deriva del verbo latino fidere (confiar) y del sustantivo fides (fe, lealtad o promesa).

    • Sufijo -anza: Es una terminación que indica “acción” o “cualidad”. 

Por eso hoy, cuando la Jefa de estudios del CEIP Los Ángeles felicitaba al alumnado de 4º por sus tres libros solidarios Los Ángeles cuentan y les animaba a seguir creyendo en ellos mismos, la palabra confianza se me ha venido a la mente.

Ha sido un acto precioso que ha contado con la asistencia de muchos padres y madres que no han querido perdérselo y sus agendas laborales se lo han permitido.

Un acto a la altura de lo que estos libros han supuesto para ellos:

    • con canciones de bienvenida y de despedida cantadas e interpretadas por ellos mismos,

    • con testimonios compartidos en directo de lo que ha significado este proyecto para ellos a nivel de autoestima y de satisfacción sabiendo que sus cuentos colaboran con el proyecto Abraza a Gaza,

    • con la lectura de los prólogos de los libros por sus tutores y

    • con el aplauso a las madres que con tanto amor y cariño han hecho las portadas de los libros

Así da gusta acabar una maratón de presentaciones que comenzamos el lunes 20 y que casi, casi finalizamos hoy. Nos quedan un par de libros para mediados y finales de mayo con los que pondremos la guinda a este pastel tan dulce de CEN con C.

Aquí os dejamos las fotografías de familia y la orquídea tan preciosa que nos han regalado a las madres artistas y a mí. Por mi parte considero este regalo como el primero del próximo domingo Día de la madre porque siempre digo que éstos, son para mí también “mis niñ@s” 😊

DESEOS CUMPLIDOS POR NARICES

Pues sí, esta mañana hemos visto cumplirse los deseos de much@s niñ@s y, algunos de ellos, por narices (de payasos de hospital).

Por un lado el alumnado de 6º del CEIP Antonio Hernández ha vuelto a sorprendernos Más allá del arte con un nuevo audiolibro. ¡Qué maravilla poder escuchar el cuento de cada niñ@ con su propia voz! ¡Menudo trabajazo hay detrás! ¡Qué arte y qué poderío! Y todo para poder seguir llevando a los niñ@s hospitalizad@s medicina en formato sonrisas con la magia de la barita de la Fundación Pequeño Deseo.

Pero la cosa no ha quedado ahí pues dos alumnos de sexto, Alma y Nuno, decidieron escribir su propio libro y hoy han visto su deseo cumplido. Ambos nos contaban “lo duro” que ha sido, sobre todo en los “momentos de bloqueo”. Pero los dos tenían una clara motivación: ver su propio libro publicado para poder salvar vidas. Puertas de aventura y Aventura en la antigua Grecia son sus respectivos títulos.

Y más tarde y en este caso sí, “por narices” hemos acabado la mañana en el colegio Bernadette con la artillería más enérgica del colegio: l@s alumn@s de 5 años que con su libro Pequeñas grandes personas nos han contado cómo son para que nunca, nunca, nunca falte un Payaso de Hospital en la habitación de un peque gracias a Saniclown.

Aquí os dejamos algunos momentos inolvidables y un vídeo de Alma y Nuno sobre su experiencia como autores solitarios y…solidarios 😊


SEGUIMOS CON LA MARATÓN DE PRESENTACIONES 🙂

Aunque el domingo pasado corrí mi primera maratón (la de Madrid además, exigente donde las haya) y hoy todavía a cada paso que doy escucho a los músculos de mis piernas quejarse, no lo hacen lo suficientemente alto como para abandonar mi particular maratón de presentaciones de libros solidarios.

Así que hoy, a falta de una, tres han sido las presentaciones de libros en el salón de actos del IES Jaime Ferrán con el alumnado de 1º de la ESO a favor de APASCOVI.

Los chicos y chicas se han portado estupendamente obedeciendo al “dedo mágico” de las madres que “amenaza” con quitarles el libro de premio a la colaboración si algun@ lo abre antes que el resto de sus compañer@s. A eso le llamo yo RESPETO.

Aquí os dejo las fotografías de familia con sus:

Diferentes cuentos para diferentes personas

Lee y todo saldrá bien

Contra la guerra, nuestras voces

Mañana continuaré con agujetas (y lo que te rondaré morena que decía mi abuela) y con las presentaciones que hacen que una se olvide del dolor, al menos, durante un ratito. Y siendo, además, un dolor elegido ya es mucho menos dolor, que no todo el mundo puede decir lo mismo.

Así que…a seguir dando gracias a la vida 😊

VEnCE: la familia que el cáncer te regala

No les gusta que les llamen valientes pero lo son.

Dicen que “no les quedaba otra que echarle cojones a la vida” y “tirar palante”.

Pero no es así.

Siempre nos queda otra. Y no otra. Nos quedan miles de alternativas, actitudes y acciones que tomar. Y uno elige libremente cuál.

De modo que esta mañana en la presentación del libro Ángeles en zapatillas escrito por 22 mujeres valientes (porque sí, ¡lo sois!) en el que cuentan sus tejemanejes con el cáncer y cómo el deporte les ha ayudado a superarlo, a mí sí que no me ha quedado otra que devolverles el mérito que se quitan con su humilde mantra “no queda otra”. Porque ellas:

    • Eligieron, pudiendo haber elegido bajar los brazos, levantar el puño a lo Escarlata O´hara.

    • Eligieron, pudiendo haber soltado el otro lado de la cuerda, sostenerla y agarrarla fuerte.

    • Eligieron, pudiendo haber elegido estar solas en esta lucha, creer en la fuerza del grupo.

Y con esa cuerda que sostienen y agarran en sus entrenamientos junto con ruedas de camión, sentadillas, mancuernas, entrenadoras a lo teniente O´Neil  y la fuerza del grupo VEnCE que es la familia que el cáncer les ha regalado; hoy pueden seguir celebrando la vida. Y nosotros con ellas.

Ángeles en zapatillas es el noveno libro presentado de la colección Momento Woman cuya semilla surgió de una idea loca de Diana Galán, una profe, entrenadora, jugadora de fútbol y mejor persona que no deja nunca de sorprenderme.

El grupo VEnCE surgió de una charla entre la Dra.Itziar Pagola y la Dra. Ana Ruiz donde se fueron sumando eslabones como Francisco Hidalgo, entrenador de VEnCE, convirtiéndose a día de hoy en una cadena necesaria para muchas personas.

Agradecer a la Universidad Europea y a su Fundación el apoyo que brindan al grupo y su colaboración en la presentación de este libro tan especial. Gracias también a Asun, nuestra maestra de ceremonias por esa fantástica mesa que, a pesar de ser rectangular, ha salido redonda y que tan buenos momentos nos ha hecho pasar a todos los allí presentes.

Y si la cosa va de retos frente a la vida, después de lo vivido ya no me cabe la menor duda de que mañana correré mi primera maratón como los Ángeles… en zapatillas (of course😉)

ELIGE TU PROPIA AVENTURA ¿TE ACUERDAS 😊?

Queridos boomers y posteriores generaciones,

¿Os acordáis de los libros de elige-tu-propia-aventura?

Confieso que yo era de las que, antes de elegir, me leía todas las posibles opciones y luego decidía. Ya desde pequeña me gustaba eso de tener el control hasta que con el tiempo aprendí que, por mucha información que tengas, la vida es totalmente impredecible y que, precisamente por eso, es única y maravillosa 😊.

Como única y maravillosa es Cristina, profesora del alumnado de 2º de primaria del CEIPSO Padre Garralda que un año más ha repetido formato y se ha lanzado a la piscina con sus también maravillosos y únicos alumnos creando Nuestras aventuras, un libro para ir eligiendo nuestro propio camino según vamos avanzando en él.

Este libro colabora con la asociación Retina Madrid pues uno de los niños autores padece de baja visión. Sus padres, que junto con el resto de familias han asistido hoy al acto de presentación, estaban visiblemente emocionados por el apoyo recibido. Se han llevado, además de una graaaaan sonrisa puesta, una caja de libros que habían encargado médicos del hospital Puerta de Hierro para aportar su granito de arena.

También ha habido alguna que otra lágrima al echar en falta parte de su trabajo una de las autoras del libro, pero en estos casos una vez más hemos guardamos el látigo del autocastigo y el “mea culpa”, nos hemos alegramos de no ser perfectos y hemos puesto en marcha nuestro Plan B con la satisfacción de que “hecho mejor que perfecto”.

Mañana, a pesar de ser sábado, continuaremos con nuestras presentaciones con un libro igualmente muy especial: Ángeles en zapatillas. Un libro escrito por mujeres cuyo tratamiento médico para superar el cáncer incluía hacer deporte.

Aquí os dejamos algunos momentos únicos y maravillosos de la presentación del día de hoy.

CELEBRANDO EL DÍA DEL LIBRO “EN CASA”

Colegios hay muchos pero Día del libro solo hay uno, por eso el alumnado de la escuela Micael y el colegio Balder han sido hoy doblemente afortunados al recibir sus libros solidarios en el Día del libro.

Para mí ir a estos dos centros educativos es como “jugar en casa” porque son colegios de los más veteranos y fieles al proyecto.

Hemos comenzado el día con Historias que vuelan por todo lo alto de la clase 6ª de la Escuela Micael a favor de la Asociación Cuidados de la Infancia.

Después nos hemos ido al colegio Balder donde hemos descubierto cómo es la clase de Los Delfines con su libro Así soy yo. Por su parte, los alumnos de 4º nos han recordado la importancia de la Fuerza de voluntad invitándonos a Ser voluntarios de tener voluntad  y, para finalizar, los alumnos de 1º de la ESO nos han invitado a disfrutar de El jardín de la convivencia. Todos ellos para colaborar con el proyecto Togo a través de la fundación Balder.

Como anécdota destacar que el cuento de un alumno de 1º de la ESO era la continuación del cuento que le publicamos cuando estaba en 4º de primaria. Y es que en el colegio Balder tienen institucionalizado que todos los años escriba el alumnado de 5 años, 4º y 1º de la ESO por lo que, al finalizar sus estudios todos ellos han sido escritores solidarios por triplicado en momentos muy distintos de sus vidas llevándose para el recuerdo una “minicolección” de cuentos inolvidables.

UN POQUITO DE TODOS (y de todo)

Hoy hemos tenido, como el título del libro escrito por 7 valientes alumn@s de 1º y 2º de la ESO del colegio San Alberto Magno, Un poquito de todos (y de todo):

    • Nos hemos derretido con la dulzura de la clase de 5 años y su libro Nuestros lugares especiales en el mundo teletransportándonos a sitios llenos de magia y de color.

    • Nos hemos sumergido en El mundo de los libros con la clase de 4º.

    • Hemos aprendido lo importante que es contar Nuestra historia con el libro de 5º.

    • La locura de los cuentos de 6º nos ha recordado que “hecho es mejor que perfecto” al darnos cuenta de que (¡Ups!) faltaba un cuento por maquetar y que, lejos de vivir este hecho como un drama, le hemos explicado a Hugo nuestro estupendo Plan B ante este tipo de incidentes: echarle paciencia y esperar a una nueva reimpresión especialmente impresa para él😊

    • Judith, una adolescente de 13 años, nos ha contagiado con La última mirada su alegría y emoción al ver su sueño cumplido y….

Todo esto con un fin solidario: colaborar con la asociación AFANIP que hace que personas con extremidades diferentes se sientan lo más integradas posible en su día a día.

Y ya para acabar, contaros que la conexión con este colegio ha sido gracias al empeño de una madre de uno de los escritores que hace una década conoció nuestro proyecto y no ha parado hasta conseguir llevarlo al colegio de sus hijos. Ella es un ejemplo viviente de que “el que la sigue la consigue”.

Gracias María por compartir tu historia que hoy es ya…

Un poquito de todos 😉

LIBROS QUE ABRAZAN

Hoy nuestros libros iban de abrazos:

Hoy me quedo con la lectura que hemos hecho sobre estos 3 libros:

    • Lo importante que es tejer redes de comunicación para llegar mensajes de ayuda y también de paz a todos los lugares del mundo como árboles que unen sus raíces, nos dan cobijo y sostienen a nuestra madre Tierra.

    • Que cuando conoces los motivos que llevan al personaje de un cuento a ser el malo, te acaba pareciendo menos malo e incluso llegas a comprenderle y perdonarle al empatizar con él.

    • Y que los animales no son un juguete de usar y tirar si no seres vivos que necesitan nuestro amor y cariño.

Aquí os dejamos sus portadas y algunas fotos de familia:

LITERALMENTE, NI SON LIBROS DIGITALES NI LOS HA ESCRITO LA IA

Como les decía hoy a l@s alumn@s de 4º y 6º de primaria del colegio Enriqueta Aymer, afortunadamente estos libros tienen errores porque los han escrito ell@s y los hemos revisado entre sus profes y yo. Y ninguno somos perfect@s.

Nos quedamos con el trabajo bien hecho, en equipo que es de lo que va la vida 😊

ENTRE TODOS hemos podido publicar libros que van a ayudar a otros niños a ser un poquito más felices en su día a día, facilitándoles un poquito la vida a través de las misiones que lleva a cabo la Fundación Enriqueta Aymer.

Ayudar hace que el mundo brille y todos podemos hacerlo.

El corazón de la Fundación Aymer